En el momento justo

Buenas tardes, querido lector.

Antes que nada, debo reconocer que no tenía ni la más mínima idea de cómo empezar esta entrada. Muchas frases concurrían a mi mente pero todas resultaban insulsas o muy elaboradas, así que he decidido ir tecleando como si charlara con alguien cercano, para que la cosa fluyera y no quedarme observando la pantalla en blanco mientras el cursor de texto me asecha con su tormentosa intermitencia.

El motivo que me lleva a enfrentarme a mi bloqueo mental en esta tarde de lunes es comunicarte una reflexión que hice en estos días... Habrá quien diga: Esta no hace más que reflexionar. Pero bueno, es lo que hay.
Esto lo hago principalmente como ejercicio mental y de escritura, para no volverme loca antes de entrar a clases. Además que si algún día quiero llegar a ser crítica o escritora, pues por algo hay que empezar, hijo mío.

A continuación leerás lo que puse por escrito ayer en la madruga respecto a una reflexión que hice unos días atrás.


29 de enero de 2017 a las 2:13 a.m.


Me he puesto a pensar en cómo las cosas pequeñas pueden ser tan hermosas, en qué hace que algo sea mágico, y pensé en eso de "el momento justo"... Entonces, para explicármelo a mi misma me puse un ejemplo con una de las últimas fotos que subí a Instagram, la de las luces en el techo. Esas luces probablemente vienen de China, pero para que estuvieran justo colgando del techo para el momento en que decidí tomar la foto, hubo una gran cantidad de eventos que tuvieron que suceder en el momento justo. La llegada tarde de un trabajador, la programación de una máquina, un eléctrico sudoroso y hambriento que no desayunó aquella mañana por haber llevado a sus hijos al colegio, un empacador muy pulcro, un comercializador que eligió justo esa caja para llevarla al almacén... Son muchas cosas. Miles de detalles y probabilidades que tuvieron que alinearse.
Allí recordé escenas de Amélie y de El curioso caso de Benjamin Button, donde se habla de esa precisión en la que yo pensaba, y sonreí por la magnífica armonía en la que nos movemos todos.

A eso que yo estaba pensando suele dársele varios nombres -destino, casualidad, causa y efecto, sólo por mencionar los más populares-, y esto según las creencias de quien lo piense. En mi caso, simplemente pensé en lo bello de los pequeños detalles, en esa armonía mundial. Y aclaro que al pensar en armonía me refiero al equilibrio, sincronía y proporción.



Para quien quede con la duda de a qué escenas me refería, dejo aquí abajo la de Benjamin Button, porque las de Amélie no las encontré, pero creo que quien se haya visto la película entenderá.






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